laMuta

art

Ícaro

Ícaro no quería caer, nadie quiere caer cuando vuela alto, cuando casi toca con la punta de los dedos la luz radiante.

Ícaro no quería caer, nadie quiere caer. Si lo piensas permaneces, si lo piensas eres capaz de crear un ancla, de sobrevivir, de volar a media altura. No es una cuestión de valentía o cobardía, ni de soberbia o resignación, es una cuestión de camino.

Ícaro no quería caer, o tal vez sí. Algo dentro de él sabe que la luz quiebra , rompe y hace caer por toda la eternidad. Sin embargo tantos han seguido ese rastro de luz atraídos como un imán, la luz de calor eterno, la gran promesa, una llamada seductora… un impulso de vida con certeza de convertirse en muerte.

Esa luz destrozó sus alas. Ícaro destrozó sus alas. Y cayó.

Caer como un cuchillo que se clava rápido en la espalda, como intento de suicidio, de llegar a una esencia, de dejar atrás el brillo de diamante. Una caída libre, en picado, con tiempo para temer, para lamentar, para suplicar, para llorar. Una caída de minutos, de siglos, interminable. Esa es la auténtica muerte, esa caída disparatada, la incapacidad de regresar, el miedo, el gran miedo a cada pregunta que surge en cada segundo de descenso.

Descenso, miedo.

Miedo, soledad.

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar